Las imitaciones bien hechas, realizadas tanto por humoristas como por personas con talento natural para ello, nos producen cierto placer que mezcla lo intelectual con lo físico. Una buena imitación genera un cierto reconocimiento de la persona imitada, mezclado con una reinterpretación, un “plus”, una aportación nueva que convierte al imitado en un objeto e incrementa la vis cómica. Por eso es tan díficil imitar bien: la persona o el gesto imitado debe ser reconocible, pero también hay que mostrarlos bajo una nueva luz. Buscando una posible explicación o paralelismo, hemos encontrado que Martes y Trece, José Mota y otros imitadores se parecen a:
Mímesis
En su sentido más general, la mímesis es el arte de la imitación; en la retórica y en la poética, se refiere a los modos discursivos que tienen como principal objetivo la imitación de la naturaleza en todas sus variantes, incluida la naturaleza humana. La teoría mimética occidental se remonta hasta los conceptos platónicos y aristotélicos. Mientras que ambos filósofos definían el concepto como “una imitación de los hombres en acción“, Platón cuestiona la utilidad de las acciones que se imitan pero que no afectan al sentido común del público. Aristóteles, en cambio, analiza las formas del lenguaje a través de las cuales se produce la imitación, que se revela como un “instinto de nuestra naturaleza“. Por tanto, la comprensión aristotélica de la mímesis sienta las bases para los estudios posteriores de la escuela formalista, que analizó cómo las imitaciones estructuradas (o artísticas) pueden proporcionarnos placer al estimular una atracción instintiva hacia la “armonía” y el ritmo. Este análisis formal del arte de la imitación también resulta crucial para Longino, que sugiere que la “relación natural” con lo sublime puede ser estimulada gracias a la “imitación o la imaginación”. Philip Sidney también afirma la preponderancia de la mímesis, ya que “ningún arte que le ha sido dado a la humanidad… no tiene a las obras de la Naturaleza como su principal objeto“. Incluso el uso de Wordsworth del “lenguaje que realmente usan los hombres” se basa en teorías miméticas de representación, e intensifica “los incidentes y las situaciones de la vida real” proporcionando una representación armónica de los hombres en el discurrir de sus actos“.
Dominic Delli Carpini; pag 306 Enciclopedia del posmodernismo Victor E. Taylor y Charles E. Winquist.