Atlas histórico de la España medieval

Escrito por pranera el 24 junio, 2010
Comentarios del autor, Historia

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Cuando la Editorial Síntesis me encargó un atlas histórico sobre la Edad Media española me pareció un proyecto viable, necesario y estimulante. Por lo pronto, en el plano personal, para alguien que ha publicado media docena de libros especializados y más de medio centenar de estudios monográficos, artículos científicos o ponencias de congresos, que es mi “oficio” como medievalista investigador (http://web.usal.es/~monsalvo/publicacionesprinc.htm), el hecho de poder acometer un proyecto dirigido más a los estudiantes que a los especialistas, me resultaba atractivo y diferente. Los profesores universitarios somos científicos, pero ante todo somos docentes, nos pagan fundamentalmente por ello y, ante todo, los alumnos se merecen contar con nuestra máxima dedicación y con los instrumentos más idóneos para su formación.

El proyecto me pareció viable por la propia solvencia de la editorial, con la que yo había trabajado antes, concretamente con los libros Las ciudades europeas en el Medievo, de 1997, y La Baja Edad Media. Política y Cultura, de 2000. Con Síntesis era seguro que el libro, una vez terminado, no demoraría su salida al mercado, estaría correctamente editado y tendría una buena difusión. El compromiso tenía cierta exigencia, puesto que la editorial proponía incluir en torno a 200 ilustraciones. La cifra, al final, fue ligeramente superada, incluyendo en ella mapas, genealogías y algunos esquemas o gráficos.

Me pareció también un libro necesario porque el alumnado actual no cuenta con demasiados instrumentos de consulta ante el reto que suponen hoy día los nuevos grados nacidos desde Bolonia. En concreto, en el Grado de Historia, la Historia de la Edad Media, tanto universal como de España, se presenta como materia obligatoria o troncal.

Los que llevamos dando clases algunos años sabemos que si hay algo en lo que el alumno actual flaquea es en el conocimiento de los espacios geográficos, regiones, límites y cambios de fronteras. Este déficit afecta al mundo actual, no digamos ya al conocimiento del pasado medieval. Existen algunos manuales generales en el mercado que incluyen mapas, pero la geografía histórica de la Edad Media, y sobre para los reinos hispánicos, no cuenta con suficientes recursos. Las referencias son siempre las mismas, pocas y demasiado escuetas o muy generales. Existe también el riesgo de que el alumno se aventure por su cuenta en la búsqueda de este tipo de materiales en internet.

Pero lo que a menudo encontrará allí serán materiales, sobre todo mapas que, además de escasos, resultan poco fiables, plagados de errores, sin rigor, a menudo propensos a los prejuicios históricos o portadores de geografías falsificadas por ciertos nacionalismos periféricos –mapas de una Euskalerría que nunca existió, por poner un ejemplo bien conocido- o por visiones simplistas de cualquier otra orientación ideológica.

Nuestro Atlas parte, por el contrario, de las interpretaciones actuales de los profesionales de la Historia, alejadas de lecturas de nuestro pasado hechas artificiosamente “desde el presente”.

En relación con ello, el proyecto de hacer el Atlas me pareció también estimulante, como digo, porque el libro representaba un desafío: poder leer la historia de España medieval desde los ámbitos y territorios que fueron realmente existentes en aquella época, poder convertir esa historia en una memoria visual retrospectiva. El problema es que la geografía histórica medieval resulta vertiginosa y muy cambiante. La Edad Media en España fue un período intenso y, creo yo, determinante: lo acaecido durante esos diez siglos de nuestra historia medieval forjó nuestras raíces, aunque estas no sean vistas como algo unívoco. En estos siglos se produjo la inserción hispánica en las grandes corrientes europeas, las de la Cristiandad, las influencias francesas del Camino de Santiago, la fundación de órdenes religiosas, entre otras. En esos siglos se desarrollaron las ciudades y villas que hoy siguen articulando nuestras comarcas, así como la geografía eclesiástica que aún ha perdurado.

De todo ello se da cuenta en el libro. Pero sobre todo se ha dado prioridad a dos grandes procesos históricos que han hecho totalmente genuina nuestra historia. Uno de ellos fue el resultado, único en Europa, de la invasión y posterior dominio de una gran parte de la península, sobre todo la mitad meridional, por los musulmanes. Pero éstos, lejos de ser una referencia inmutable, tuvieron una historia peninsular llena de cambios, como vemos detalladamente en el libro: «emirato», «califato», varios ciclos de desunión o «taifas», «almorávides», «almohades» y «nazaríes».

El otro gran proceso, asimismo único en Europa, fue la prolongada «reconquista» de lo que fue el reino unido y católico que existió en la época visigoda, el reino de Hispania. Nada pudo resultar igual en el despliegue de dicha empresa, ni la meta final ni el camino seguido. Además de batallas y guerras, se convirtieron en algo esencial pero lleno de matices las diferentes formas de llevar a cabo el desalojo del enemigo y de proceder a la «repoblación» de las tierras recién conquistadas, surgiendo formaciones diversas y originales: «frontera colonizadora», «repartimientos», líneas de castillos, fundación de villas nuevas, etc. Pero paralelamente a esa lucha de los cristianos, que sólo culminó a finales del siglo XV con una unión dinástica de las dos coronas principales hispánicas, cada parte del territorio fue forjando su propio destino particular que hoy da identidad a la memoria colectiva de las diversas tierras de España.

El Atlas muestra, en consecuencia, la historia del reino de «Asturias», de «León», de «Galicia», de «Castilla», de «Aragón», «Navarra» o «Cataluña», del reino de «Mallorca», «Valencia», «Murcia» o los nuevos reinos cristianos de «Andalucía». El Atlas permite percibir las peculiaridades de las historias regionales, pero encuadradas en los mismos procesos, empujadas por prioridades similares y sosteniendo en conjunto una historia común.

José María Monsalvo Antón

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