Terrenos de juego

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Fundación Mapfre inaugura el 13 de junio una nueva exposición llamada “Giacometti. Terrenos de juego”, que finalizara el día 4 de agosto.

GIACOMETTI. TERRENOS DE JUEGO, responde a las investigaciones sobre la concepción espacial que el escultor Alberto Giacometti realizó a lo largo de toda su vida. La exposición parte de sus desconocidas esculturas surrealistas, concebidas como “tableros de juego”, y donde el artista desarrolla, como en una maqueta, su concepto de “escultura como lugar”, como un terreno de juego entre el arte, la vida y la muerte. Partiendo de estas primeras investigaciones, Giacometti comienza a trabajar en sus creaciones visionarias para plazas monumentales, en las que el espectador queda incluido como una ficha más del juego. Desde esta perspectiva, la exposición redescubre sus famosas esculturas agrupadas de posguerra, donde se confrontan sobre una misma plancha de bronce diferentes espacios y tiempos. De forma paralela, el escultor convierte su mítico taller de 18 metros cuadrados en un campo de experimentación para escenificar espacialmente sus obras, y a sí mismo con ellas. De este modo, la muestra acaba guiándonos hasta el gran legado artístico de Giacometti, el mundialmente célebre grupo de figuras de tres metros de altura, que diseñó para la explanada del Chase Manhattan Plaza de Nueva York, y entre los que destacan El hombre que camina y la Gran Mujer. La muestra se convierte así en un tablero de juego para el propio espectador.

La exposición, coproducida por FUNDACIÓN MAPFRE y la HAMBURGER KUNSTHALLE de Hamburgo, reúne cerca de 190 piezas, entre esculturas, pinturas, dibujos, grabados y fotografías, procedentes de 32 prestigiosas colecciones internacionales públicas y privadas, entre las que destacan la Kunsthaus Zürich – Alberto Giacometti-Stiftung, la National Gallery de Washington, el MoMa de Nueva York, la Tate de Londres, la National Gallery of Scotland, de Edimburgo, el MNAM Centre Georges Pompidou, de París y la Hamburger Kunsthalle de Hamburgo, entre otros.

Para profundizar en la obra del artísta le ofrecemos su libro “Escritos”, disponible en nuestra web.

Las nuevas vías del arte gracias a la tecnología

Escrito por Elena el 19 septiembre, 2012
Actualidad, Arte, Artes gráficas, Tecnología

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La Tate Modern londinense  y Google crean un proyecto artístico-tecnológico que permitirá a los espectadores participar en la creación de una obra, “This Exquisite Forest”, de Chris Milk y Aaron Koblin.Información completa sobre esta iniciativa.

Libros en todas partes

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Levantas la cabeza y ahí están. En los sitios más insospechados, por ejemplo, junto a una máquina de refrescos en una puerta de embarque de Gatwick.

En los últimos años, en algunos aeropuertos ingleses y de otros países  han proliferado máquinas expendedoras de libros de bolsillo, la llamada literatura de aeropuerto, títulos entretenidos para ir leyendo mientras dura el vuelo y para dejar “olvidados” en algún asiento cuando se terminan de leer para disfrute del siguiente viajero.

Pero la cosa no queda ahí. En el Teatro del Matadero de Madrid también tienen una máquina expendora de libros, llamada Bellamatamátic.

Imagen de máquina dispensadora de libros en el Matadero de Madrid

Máquina dispensadora de libros del Teatro El Matadero de Madrid

En diversas estaciones del metro de Madrid existen las llamadas bibliometros, bibliotecas de préstamo subterráneas para sacar prestado un libro sobre la marcha.

Servicio de préstamo de libros en el metro de Madrid

En Pekín han ideado un sistema ingenioso de préstamo de libros mediante máquinas expendedoras. El usuario selecciona el libro, introduce 100 yuanes (unos 12 euros) y muestra documento de identificación y la máquina le dispensa el libro. Si el usuario devuelve el libro dentro de la fecha establecida, en la propia máquina o en la biblioteca municipal, la máquina le devuelve los 100 yuanes. Sencillo y cómodo.

¿Qué cuenta el cartel de la Feria del libro de Madrid?

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Las imágenes destinadas a ser carteles de eventos implican una complejidad en la que a veces el espectador no repara. Así, por ejemplo, la carta de presentación visual de la Feria del libro de Madrid debe resultar atractiva y clara, tener una pincelada cultural y otra festiva y hacerse eco de la actualidad. Veamos si el cartel de la edición 2012, diseñado por el fotógrafo Chema Madoz, cumple estos requisitos:

¿Es un pájaro, es un avión? En las redes sociales se comentaban las posibles interpretaciones de este cartel

Al darle un primer vistazo rápido muchos se han preguntado qué representa exactamente. Así, a bote pronto, tiene un cierto aire a tarta de nata y chocolate, con esos churretitos de nata entre capa y capa, o también a unas galletas Oreo en versión poliedro. Visto de cerca y detenidamente (y con las gafas o lentillas bien graduadas aquel que las necesite) es evidente que reproduce libros negros de cuyas páginas salen fragmentos de conversaciones (bocatas o globos, como en los cómic), es decir, una feria que se ocupa del libro en papel, de las redes sociales y del intercambio.

Aun así, en nuestra opinión, esta imagen sigue teniendo algunos problemas a nivel visual y formal. Si nuestra interpretación es certera y los globos o bocatas representan interacción verbal o en línea, estos globos deberían tener un color identificativo, como es el caso en la mayoría de conversaciones tipo WhatsApp. La convención gráfica en aplicaciones de conversación sin foto ni icono es emplear distintos colores para cada interlocutor para mostrar claramente cuántas personas hay y delimitar qué dice cada una.

Si aplicamos esta clave gráfica, asumida por los usuarios habituales de redes sociales, y que además es de sentido común, lo que viene a decir la Feria del libro de Madrid de sí misma es que está interesada por el monólogo (todos  los bocatas son blancos). Y otro problema añadido es que según el gráfico los libros generan sus comentarios (de una sola voz, recordemos) pero no interactúan con los comentarios generados por otros libros. Cada libro es un departamento estanco, que contiene sus propios comentarios de ámbito restringido. Es decir, el polo opuesto a las redes sociales o a la lectura social o a cualquier comunidad lectora con una mínima comunicación interna.

Para otros espectadores o intérpretes de este cartel menos familiarizados con el grafismo de las conversaciones online, la visión será simplemente la de libros llenos de palabras sonoras o comentarios, pero la falta de interacción entre los comentarios y los libros no cabe interpretarlos de ninguna otra forma sino como territorios impermeables unos a otros.

En este artículo de ABC se recogen las intenciones de Chema Madoz, fotógrafo madrileño, premio nacional de fotografía y  autor del cartel comentado. Su propuesta va en una línea ligeramente distinta a la analizada: los libros como cajas negras que recogen el pasado, las conversaciones que al mismo tiempo son marcapáginas… todo muy sugerente, pero en todo caso la asociación con la metáfora de las cajas negras aporta cierta connotación de cataclismo (como se sabe, sólo nos acordamos de las cajas negras tras un accidente).

En  fin, siempre está bien contar con un cartel que fomente el análisis y el intercambio de puntos de vista sobre el poder de la imagen, de las metáforas y el de los libros. Y definitivamente este cartel de Chema Madoz posee esta virtud.

En este post de Pensódromo analizan el cartel y se hacen algunas preguntas sobre hacia dónde va la Feria del Libro desde la perspectiva más especializada del mundo de la edición.

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La peluca de Molière

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Para empezar el lunes con humor reproduzco algunas anécdotas curiosas relacionadas con autores muy conocidos. La mayoría las he tomado del interesante artículo de Carlos Espinosa Domínguez “Segundo catauro de curiosidades” en la revista digital Cubaencuentro.

Los rituales de escritura de los autores suelen resultar curiosos. En su libro “Oficio editor” Mario Muchnick cuenta que Elías Canetti escribía a lápiz. Las hojas escritas la iba almacenando en el cajón de la derecha y las hojas en blanco permanecían en el de la izquierda. Sobre la mesa sólo solía tener una serie de lápices bien afilados, ordenados por tamaños. Una vez terminado el manuscrito lo revisaba y lo pasaba a estilográfica. Y esa era la versión con la que trabajaban sus editores. Lo habitual era repartir ese manuscrito entre varias secretarias para que lo fueran transcribiendo lo más rápido posible.
A quienes hemos vivido siempre cerca de las máquinas de escribir o de los ordenadores el manejo de textos acabados en versión manuscrita nos puede resultar extraño, pero evidentemente, las máquinas de escribir, las impresoras y fotocopiadoras no han existido siempre y siglos atrás era muy común contar con una única versión de los manuscritos.

Los textos manuscritos eran muy habituales hasta que se generalizaron las máquinas de escribir

Eso, irremediablemente, producía problemas y situaciones extrañas. Así, por ejemplo, la criada de Molière “usó varias páginas de la traducción de Lucrecio que él había hecho para rellenar la peluca del dramaturgo”, según cuenta Carlos Espinosa Domínguez en el citado artículo. Otra doncella puso en un aprieto a Thomas Carlyle, que “tuvo que reescribir por completo el primer tomo de su Historia de la Revolución Francesa. Se lo había prestado a John Stuart Mill y la criada de este lo quemó, pensando que se trataba de papel para tirar. El incidente ocurrió cuando Carlyle no solo había olvidado la estructura de la obra, sino también el espíritu con la que la había redactado”.
El británico “Sir Richard Burton había traducido el Kama Sutra y después hizo lo mismo con Las Mil y una Noches. Tras su muerte, su esposa halló el manuscrito de esta última obra, pensó que era un texto obsceno y lo quemó”.
Ni el propio Joyce se libró de complicaciones relacionadas con su caligrafía y con lo combustible del papel. “El original del episodio de Circe del Ulises de James Joyce era tan ilegible, que fue necesario contratar a tres mecanógrafas para que lo pasaran en limpio. El esposo de una de ellas tomó las páginas, las confundió con anotaciones sin importancia y las echó al fuego. Por suerte, un coleccionista de Nueva York tenía un duplicado de esa sección y aceptó proporcionar una copia fotográfica a Sylvia Beach, propietaria de la librería Shakespeare and Company y primera editora del Ulises”.

El perro, el mejor amigo del escritor
El sabueso del escritor norteamericano John Steinbeck, que se llamaba Toby, “convirtió en confeti el original de su novela De ratones y hombres. Era la única copia que poseía, por lo que, según su confesión, al principio se enojó mucho. Pero luego pensó que el pobre chucho podía haber actuado críticamente. No tenía deseos de arruinar a un buen perro por un manuscrito del cual no estaba del todo satisfecho. Reescribió, pues, la novela y entonces se sintió más convencido de que Toby era un buen crítico. ‘No estoy seguro de que Toby no sabía lo que estaba haciendo cuando se comió aquella primera versión’, comentó Steinbeck en una carta”.
En la época de los pendrive con mucha memoria y el almacenamiento en la nube estas cosas nos suenan extrañas, pero no dejan de tener su gracia.

Cómo pintar la figura humana

Escrito por Elena el 7 marzo, 2012
Arte, Artes gráficas, Biología, Lengua y literatura

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“CARNE

Todo diccionario de bellas artes debe presentar un artículo titulado Carne o Carnación. ¿No es la carne, junto con la ropa, el elemento esencial de la figura? Perteny escribe: ‘Se llama blanco de carne al blanco quebrado con rojo y con algún otro color ligero, según quiera hacerse la carnación más o menos tierna’. Distingue cuidadosamente el empleo de Carnes y de Carnación. Ambas entradas figuran en el Diccionario de Watelet. Para Carnación, el autor remite a Color.  En el artículo Carnes se entretiene en describir los efectos de la luz sobre el rostro, los brazos, las manos, el pecho de una mujer y los efectos que se pueden obtener ‘si su piel es fina, transparente y ligeramente coloreada por la sangre que cubre el delicado tejido de la epidermis’. El dominio de la carne es por excelencia el del color, en lo que ésta tiene de más cambiante y también de esa blandura que no pueden tener las estatuas de mármol: la morbidezza, tan difícil de representar en escultura. A propósito de los tiernos rubores del pudor femenino escribe Diderot en sus Ensayos, p. 22. ‘La sangre, la vida, es causa de la desesperación del colorista’. Toda la dificultad de la pintura está en adquirir ‘la sensación de la carne’. De un instante a otro la carne se apaga o se anima según pase un pesado, un enemigo o ‘mi Sophie’. ¿Cómo pintar los matices de la pasión? ‘¿Conserva una mujer la misma color en espera del placer, en brazos del placer, al salir de sus brazos? (cap II). Uno piensa en el intraducible arrebol [en castellano en el original] español, ese tono de rubores encantadores y dulces de crepúsculo que adopta el rostro de una mujer emocionada o confusa. Baudelaire parece haber examinado por su parte ‘la mano de una mujer un poco sanguínea, algo delgada y de piel muy fina’, con una precisión casi morbosa pero colorista: ‘Se verá que hay una armonía perfecta entre el verde de las fuertes venas que la surcan y los tonos sanguinolentos que señalan las articulaciones; las uñas rosadas se recortan sobre la primera falange, que tiene  algunos tonos grises y pardos. En cuanto a la palma, las líneas de la vida más rosadas y vinosas están separadas unas de otras por un sistema de venas verdes o azules que las atraviesan. El estudio del mismo objeto con una lupa proporcionará en cualquier porción, tan pequeña como se quiera, una armonía perfecta de tonos grises, azules, verdes, anaranjados y blancos calentados por un poco de amarillo’ (Salón de 1846, III, “Del color” (…).

Del Diccionario de Bellas Artes de Eugène Delacroix; reconstrucción y edición de Anne Larue; pag 111.