La peluca de Molière

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Para empezar el lunes con humor reproduzco algunas anécdotas curiosas relacionadas con autores muy conocidos. La mayoría las he tomado del interesante artículo de Carlos Espinosa Domínguez “Segundo catauro de curiosidades” en la revista digital Cubaencuentro.

Los rituales de escritura de los autores suelen resultar curiosos. En su libro “Oficio editor” Mario Muchnick cuenta que Elías Canetti escribía a lápiz. Las hojas escritas la iba almacenando en el cajón de la derecha y las hojas en blanco permanecían en el de la izquierda. Sobre la mesa sólo solía tener una serie de lápices bien afilados, ordenados por tamaños. Una vez terminado el manuscrito lo revisaba y lo pasaba a estilográfica. Y esa era la versión con la que trabajaban sus editores. Lo habitual era repartir ese manuscrito entre varias secretarias para que lo fueran transcribiendo lo más rápido posible.
A quienes hemos vivido siempre cerca de las máquinas de escribir o de los ordenadores el manejo de textos acabados en versión manuscrita nos puede resultar extraño, pero evidentemente, las máquinas de escribir, las impresoras y fotocopiadoras no han existido siempre y siglos atrás era muy común contar con una única versión de los manuscritos.

Los textos manuscritos eran muy habituales hasta que se generalizaron las máquinas de escribir

Eso, irremediablemente, producía problemas y situaciones extrañas. Así, por ejemplo, la criada de Molière “usó varias páginas de la traducción de Lucrecio que él había hecho para rellenar la peluca del dramaturgo”, según cuenta Carlos Espinosa Domínguez en el citado artículo. Otra doncella puso en un aprieto a Thomas Carlyle, que “tuvo que reescribir por completo el primer tomo de su Historia de la Revolución Francesa. Se lo había prestado a John Stuart Mill y la criada de este lo quemó, pensando que se trataba de papel para tirar. El incidente ocurrió cuando Carlyle no solo había olvidado la estructura de la obra, sino también el espíritu con la que la había redactado”.
El británico “Sir Richard Burton había traducido el Kama Sutra y después hizo lo mismo con Las Mil y una Noches. Tras su muerte, su esposa halló el manuscrito de esta última obra, pensó que era un texto obsceno y lo quemó”.
Ni el propio Joyce se libró de complicaciones relacionadas con su caligrafía y con lo combustible del papel. “El original del episodio de Circe del Ulises de James Joyce era tan ilegible, que fue necesario contratar a tres mecanógrafas para que lo pasaran en limpio. El esposo de una de ellas tomó las páginas, las confundió con anotaciones sin importancia y las echó al fuego. Por suerte, un coleccionista de Nueva York tenía un duplicado de esa sección y aceptó proporcionar una copia fotográfica a Sylvia Beach, propietaria de la librería Shakespeare and Company y primera editora del Ulises”.

El perro, el mejor amigo del escritor
El sabueso del escritor norteamericano John Steinbeck, que se llamaba Toby, “convirtió en confeti el original de su novela De ratones y hombres. Era la única copia que poseía, por lo que, según su confesión, al principio se enojó mucho. Pero luego pensó que el pobre chucho podía haber actuado críticamente. No tenía deseos de arruinar a un buen perro por un manuscrito del cual no estaba del todo satisfecho. Reescribió, pues, la novela y entonces se sintió más convencido de que Toby era un buen crítico. ‘No estoy seguro de que Toby no sabía lo que estaba haciendo cuando se comió aquella primera versión’, comentó Steinbeck en una carta”.
En la época de los pendrive con mucha memoria y el almacenamiento en la nube estas cosas nos suenan extrañas, pero no dejan de tener su gracia.

Cómo pintar la figura humana

Escrito por Elena el 7 marzo, 2012
Arte, Artes gráficas, Biología, Lengua y literatura

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“CARNE

Todo diccionario de bellas artes debe presentar un artículo titulado Carne o Carnación. ¿No es la carne, junto con la ropa, el elemento esencial de la figura? Perteny escribe: ‘Se llama blanco de carne al blanco quebrado con rojo y con algún otro color ligero, según quiera hacerse la carnación más o menos tierna’. Distingue cuidadosamente el empleo de Carnes y de Carnación. Ambas entradas figuran en el Diccionario de Watelet. Para Carnación, el autor remite a Color.  En el artículo Carnes se entretiene en describir los efectos de la luz sobre el rostro, los brazos, las manos, el pecho de una mujer y los efectos que se pueden obtener ‘si su piel es fina, transparente y ligeramente coloreada por la sangre que cubre el delicado tejido de la epidermis’. El dominio de la carne es por excelencia el del color, en lo que ésta tiene de más cambiante y también de esa blandura que no pueden tener las estatuas de mármol: la morbidezza, tan difícil de representar en escultura. A propósito de los tiernos rubores del pudor femenino escribe Diderot en sus Ensayos, p. 22. ‘La sangre, la vida, es causa de la desesperación del colorista’. Toda la dificultad de la pintura está en adquirir ‘la sensación de la carne’. De un instante a otro la carne se apaga o se anima según pase un pesado, un enemigo o ‘mi Sophie’. ¿Cómo pintar los matices de la pasión? ‘¿Conserva una mujer la misma color en espera del placer, en brazos del placer, al salir de sus brazos? (cap II). Uno piensa en el intraducible arrebol [en castellano en el original] español, ese tono de rubores encantadores y dulces de crepúsculo que adopta el rostro de una mujer emocionada o confusa. Baudelaire parece haber examinado por su parte ‘la mano de una mujer un poco sanguínea, algo delgada y de piel muy fina’, con una precisión casi morbosa pero colorista: ‘Se verá que hay una armonía perfecta entre el verde de las fuertes venas que la surcan y los tonos sanguinolentos que señalan las articulaciones; las uñas rosadas se recortan sobre la primera falange, que tiene  algunos tonos grises y pardos. En cuanto a la palma, las líneas de la vida más rosadas y vinosas están separadas unas de otras por un sistema de venas verdes o azules que las atraviesan. El estudio del mismo objeto con una lupa proporcionará en cualquier porción, tan pequeña como se quiera, una armonía perfecta de tonos grises, azules, verdes, anaranjados y blancos calentados por un poco de amarillo’ (Salón de 1846, III, “Del color” (…).

Del Diccionario de Bellas Artes de Eugène Delacroix; reconstrucción y edición de Anne Larue; pag 111.

Las ollas como ideas

Escrito por Elena el 5 marzo, 2012
Artes gráficas, Filosofía, Lengua y literatura, Política

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“Y dijo el Señor: ‘Haré añicos a los pueblos como a las vasijas de un alfarero’. El presente ensayo tiene por objeto intepretar esa profecía amenazadora. Es una profecía interpretable porque dice varias cosas. Las expresiones que tienen un único sentido no lo son, en ellas no hay nada sutil que interpretar. La frase que queremos interpretar está en la Biblia, que es un texto que se deja leer de muchas maneras, y de eso precisamente viven los teólogos. Este ensayo se encuentra, pues, en medio de una larga tradición, pero no necesariamente ha de leerse con el espíritu de las polémicas teológicas.

Flusser ve en las ollas una metáfora de las ideas inmutables. Esta imagen en concreto es de un producto de Alfarería Cersal

Existe una interpretación plausible de la citada frase: todos hemos hecho añicos una olla, como mínimo una vez, pero ninguno hemos hecho añicos un pueblo. Sin embargo, para el señor son los pueblos lo que para nosotros las ollas, y amenaza con demostrarlo. La interpretación que pretendemos hacer aquí defenderá un punto de vista totalmente distinto. Lo que hará es suponer que, a ojos de Dios, las ollas son algo distinto de lo que las cocineras consideran que son. A saber, que, a ojos de Dios, las ollas se asemejan a aquellas formas que los antiguos llamaban “ideas inmutables“. Aquí se partirá de este hecho para actualizar la profecía: “Os haré añicos junto con vuestras ideas supuestamente eternas e inmutables”.

Consideraremos las ollas como formas vacías. Y es que lo son. Aquí no se trata de reducir una temática complicada a algo tan simple como una olla. Más bien al contrario: de lo que se trata es de ver la “forma pura” fenomenológicamente, y entonces se la ve precisamente como una olla. Es decir, que no simplificaremos la pregunta por lo formal, sino que iremos complicando cada vez más la pregunta por la olla. La olla es una vasija, un instrumento para envasar y para contener. Es un instrumento epistemológico (un instrumento de la teoría del conocimiento). Por ejemplo: cojo una olla vacía y la pongo debajo del grifo. De esa forma le confiero contenido a la olla y forma al agua, y el agua ahora in-formada por la olla está comprendida en la olla, en lugar de fluir amorfamente. Esto es un hecho banal, pero hasta ahora ninguna teoría del conocimiento ni ninguna teoría de la información le habían hecho justicia.

He aquí un ejemplo de algunas de las dificultades que van unidas a esto. Como es sabido, De Gaulle tenía “une certaine ideé de la France”, aunque por desgracia dejó sin concretar cuál era esta idea que él tenía de Francia. ¿Acaso fue el general un día a una tienda de cerámicas y se puso a buscar, hasta que dio con una olla en la que podía verter a Francia? ¿O más bien resulta que se compró una olla especialmente bonita en la que intentó verter a Francia, con mucho cuidado de que no se le desbordase? ¿O, por el contrario, no será que se modeló él mismo una olla, y la puso luego debajo del grifo francés para recoger a Francia en ella?

Esta olla de tres patas forma parte de una exposición del Museo Virtual Berazategui en Argentina

Estas son preguntas bastante inquietantes porque no sólo tienen que ver con el general, sino también con el orgulloso edificio de las ciencias naturales entero. ¿Qué es lo que hago cuando formulo matemáticamente las leyes de la Naturaleza (cuando me hago ‘une certaine ideé’ de los fenómenos naturales). ¿Acaso me pongo a buscar entre los algoritmos disponibles, hasta que encuentro uno en el que encaje el fenómeno? ¿O busco más bien un algoritmo bonito y elegante (por ejemplo, la ecuación de Einstein) e intento verter poco a poco, sin que se me desborde, los fenómenos en él? (…)”

Vilém Flusser, Filosofía del diseño pp. 119-121

Al leer el periódico muchos días, o al escuchar determinados debates de ideas a menudo uno tiene la sospecha de que mucha gente va con sus “ollas” por la vida, esforzándose porque la realidad se ajuste a sus vasijas y no, más bien, al revés.

¿Te ha pasado alguna vez?

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Nota: al buscar ilustración para este artículo, sin ser muy conscientes de ello, hemos elegido ollas que se ajustaban lo mejor posible a nuestra idea (más o menos inmutable) de olla. Es curioso que sean respectivamente una de barro y otra de hierro, de formas muy redondeadas. La tendencia contemporánea es hacia formas más rectilíneas y metales más ligeros. Seguro que Vilém Flusser tendría alguna explicación para ello…

Arte interactivo en la Red

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En fechas señaladas Google suele regalarnos curiosos y originales “doodle” (gráficos que juegan con el logo del buscador) como homenaje a una figura o un evento importante. Entre los de mayor éxito se encuentra el publicado con motivo  del 96 cumpleaños de Les Paul, padre de la guitarra eléctrica. Se trataba de una animación interactiva que permitía tocar el instrumento, pasando el ratón sobre las cuerdas.

Guitarra virtual de Google

Homenaje a Les Paul de Google

La animación permite juguetear con las cuerdas para crear acordes y melodías de una forma visual y táctil y luego incluso te deja grabar lo que has tocado y subirlo. Es muy divertido, prueba aquí.Y eso nos dio la idea para hacer una felicitación navideña con espíritu 2.0. Dadas las fechas que son quizá quieras tocar algún tema navideño, o quizá estés un poco saturad@ del tema y te apetezca más algo diametralmente opuesto, como música hawaiana o caribeña…

En principio estaba previsto que los “doodle” sólo estuvieran activos durante 24 horas, pero ahora hemos sabido que esta y otras creaciones gráficas tanto estáticas como interactivas siguen accesibles en un sitio web, por ejemplo esta preciosidad de móvil interactivo de Alexander Calder:

Animación interactiva de escultura móvil de Alexander Calder con motivo de su aniversario

Siguiendo este enlace puedes interactuar con la figura, simulando el efecto del aire sobre la escultura móvil.

Bibliotecas de ayer y de hoy: la Nacional cumple 300 años

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La Biblioteca Nacional Española cumple estos días 300 años. En lugar de escribir un post  sobre su historia y su importancia (aquí se puede consultar ese tipo de información) vamos a proponer un breve recorrido visual.

La Biblioteca Nacional, una tricentenaria que goza de buena salud

Una de las instalaciones de Bibliometro en Madrid

Salvapantallas del e-reader Kindle

Dispositivo de lectura con acceso wifi a biblioteca virtual

Diseña, que algo queda

Escrito por Elena el 28 noviembre, 2011
Actualidad, Arte, Artes gráficas, Filosofía

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Basta ojear una revista, ver un rato la televisión o sentarse en un café para que el diseño nos salga al paso. Nos asalta desde anuncios, el propio mobiliario, las conversaciones o la ropa. El diseño industrial como fenómeno no es reciente pero sí lo es su papel protagonista y omnipresente.

El fantástico libro de “Filosofía del diseño” del estudioso checo Vilém Flusser, que empezamos a explorar aquí ofrece una razón convincente para esta hegemonía del diseño en el arte contemporáneo.

“La palabra diseño ha adquirido la posición central que hoy tiene en el discurso común porque (y probablemente tengamos razón al hacerlo) estamos empezando a perder la fe en el arte y en la técnica como fuentes de valores. Porque estamos empezando a atisbar el diseño que se esconde detrás de todo ello” (pag 27).

Dado que Flusser ha señalado  previamente la componente de engaño de la palabra diseño, partiendo de la etimología del término “design”, esta frase vendría a decir que descubrir la trampa que se esconde tras el arte y la técnica nos ha hecho perder la fe en ellos como fuente de valores, que nos ha llevado a volver la mirada hacia la trampa en sí y a colocarla en el centro del discurso común.

Una pirueta bastante curiosa y bastante posmoderna.