La conocida frase era un poco diferente: malos tiempos para la lírica, pero en coyunturas de crisis como la de ahora parece que los tiempos fueran malos para prácticamente todo. Recortes, masificación de las aulas, aumento de la carga lectiva por docente… la situación es realmente complicada. Y sin embargo, como decía Einstein, es en la crisis donde nacen la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias.
En otras palabras, a malos tiempos, reglas claras: el libro “Enseñar hoy. Didáctica básica para profesores” de José Bernardo Carrasco recoge una serie de recomendaciones para mejorar la educación. Muchas de ellas las pueden aplicar los docentes de manera inmediata.
“Toda acción pedagógica, educativa, responde necesariamente a una concepción antropológica más o menos definida. Cada página de Enseñar hoy refleja una concepción educativa muy concreta, aquella que centra toda la atención en la relevancia de la persona, de cada persona. No somos las personas las que nos tenemos que adecuar a las distintas teorías o sistemas, sino que deberían ser las teorías y los sistemas educativos los que deben adecuarse a la realidad“, así sintetiza el enfoque de su libro Bernardo Carrasco en la contraportada.
Y una vez entrado en materia señala lo siguiente:
“(…) el éxito del profesor en la dirección de la clase se asienta sobre dos importantes columnas: la autoridad y la destreza, que se apoyan mutuamente. Es difícil concebir un profesor prestigioso que no sepa conducir con acierto a los alumnos, o que, por el contrario teniendo dificultades en el gobierno del grupo, su autoridad no sufra un grave deterioro. Veamos ambos aspectos.
10.4.I. La autoridad del profesor
La principal fuente de recursos del profesor, la más provechosa, está en él mismo, en su propia personalidad (…) El buen profesor no precisa de un código de reglas disciplinarias para gobernar a sus alumnos, todos le respetan y aprecian porque tiene autoridad. (…)
A) Competencia profesional
El profesor ha de mostrarse con la competencia y preparación necesarias para salir siempre airoso en su trabajo docente. La experiencia demuestra que los profesores bien preparados son aceptados -y hasta admirados- por los alumnos, y no tienen dificultades para dirigir la clase. Los problemas de orden y disciplina suelen ir asociados a los profesores que no se muestran a la debida altura profesional.
Esta preparación le exige al profesor:
- Conocer bien su materia.
- Preocuparse por el constante perfeccionamiento profesional.
- Saber-hacer, saber-qué-hacer y mandar-hacer.
- Saber motivar.
- Saber programar.
- Conocer a sus alumnos.
- Ayudar adecuadamente a cada uno, según sus necesidades.
- Ser ordenado y exigir orden.
Por otra parte, el profesor ha de tener una personalidad equilibrada. Por ello no debe pertenecer a ninguno de los siguientes tipos:
- Profesor indiferente, que se interesa más por lo que enseña que por aquellos a quienes enseña.
- Profesor frustrado, que tiende hacia actitudes rencorosas.
- Profesor autoritario, al que sólo le gusta mandar y puede llegar a crear en las aulas un ambiente de enfrentamiento.
- Profesor inseguro, que busca la seguridad que no tiene en los alumnos, y termina volviéndose tiránico, maniático y ansioso”.
(pp 205- 207 Enseñar hoy de José Bernardo Carrasco, Universidad Internacional de la Rioja).
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