“CARNE
Todo diccionario de bellas artes debe presentar un artículo titulado Carne o Carnación. ¿No es la carne, junto con la ropa, el elemento esencial de la figura? Perteny escribe: ‘Se llama blanco de carne al blanco quebrado con rojo y con algún otro color ligero, según quiera hacerse la carnación más o menos tierna’. Distingue cuidadosamente el empleo de Carnes y de Carnación. Ambas entradas figuran en el Diccionario de Watelet. Para Carnación, el autor remite a Color. En el artículo Carnes se entretiene en describir los efectos de la luz sobre el rostro, los brazos, las manos, el pecho de una mujer y los efectos que se pueden obtener ‘si su piel es fina, transparente y ligeramente coloreada por la sangre que cubre el delicado tejido de la epidermis’. El dominio de la carne es por excelencia el del color, en lo que ésta tiene de más cambiante y también de esa blandura que no pueden tener las estatuas de mármol: la morbidezza, tan difícil de representar en escultura. A propósito de los tiernos rubores del pudor femenino escribe Diderot en sus Ensayos, p. 22. ‘La sangre, la vida, es causa de la desesperación del colorista’. Toda la dificultad de la pintura está en adquirir ‘la sensación de la carne’. De un instante a otro la carne se apaga o se anima según pase un pesado, un enemigo o ‘mi Sophie’. ¿Cómo pintar los matices de la pasión? ‘¿Conserva una mujer la misma color en espera del placer, en brazos del placer, al salir de sus brazos? (cap II). Uno piensa en el intraducible arrebol [en castellano en el original] español, ese tono de rubores encantadores y dulces de crepúsculo que adopta el rostro de una mujer emocionada o confusa. Baudelaire parece haber examinado por su parte ‘la mano de una mujer un poco sanguínea, algo delgada y de piel muy fina’, con una precisión casi morbosa pero colorista: ‘Se verá que hay una armonía perfecta entre el verde de las fuertes venas que la surcan y los tonos sanguinolentos que señalan las articulaciones; las uñas rosadas se recortan sobre la primera falange, que tiene algunos tonos grises y pardos. En cuanto a la palma, las líneas de la vida más rosadas y vinosas están separadas unas de otras por un sistema de venas verdes o azules que las atraviesan. El estudio del mismo objeto con una lupa proporcionará en cualquier porción, tan pequeña como se quiera, una armonía perfecta de tonos grises, azules, verdes, anaranjados y blancos calentados por un poco de amarillo’ (Salón de 1846, III, “Del color” (…).
Del Diccionario de Bellas Artes de Eugène Delacroix; reconstrucción y edición de Anne Larue; pag 111.