Proust y Joyce en las redes sociales

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Hace unos días comentábamos los cambios que han supuesto las nuevas tecnologías del libro y de internet para el panorama literario. En aquel post recogíamos la noticia de Eva García Sáenz de Urturi, una bibliotecaria de Alicante que con su primera novela consiguió dejar atrás en la lista de los más vendidos de Amazon a Ken Follet y Matilde Asensi. Hoy por hoy, la tecnología permite que un autor se autoedite, distribuya su obra a través de librerías online o de blog, y que se dé a conocer ante un gran número de lectores a través de internet y de las redes sociales.

Imagen de nuestro perfil en la red social Twitter (https://twitter.com/edsintesis)

Es evidente que el tipo de narrativa que puede triunfar en el ámbito de la autoedición con grandes cifras de venta debe tener unas características que la conviertan en fenómeno de masas. En otras palabras, por la propia naturaleza del sistema de autoedición, dudo mucho que En busca del tiempo perdido de Proust o El Ulises de Joyce fueran a triunfar en el top ten de los ebooks más vendidos de Kindle, por más que los libros costasen 3 euros o nos regalaran magdalenas mojadas en té o una ración de casquería con adobo dublinés.

Por otra parte, pensándolo bien, la novela de Joyce daría para un Foursquare muy completo, todos esos check-in (registros) y badges (chapas, medallas) con los lugares que aparecen en el libro del irlandés, Fulanito acaba de hacer check-in en la biblioteca, Zutanito acaba de hacer check-in en la playa… los sonidos de alarma del smartphone se convertirían en onomatopeya y terminarían integrándose en la propia novela, como le habría gustado al propio Joyce, tan dado a imbricar los elementos de distinta procedencia en la narración, y de esta forma se crearía una nueva experiencia lectora, la de quien lee la novela con el smartphone en la mano y es interrumpido/enriquecido a cada párrafo por un bing que indica que alguien se ha internado en alguno de los rincones dublineses que se mencionan en la novela.

Por su parte, a Proust le veo más aplicación en algo tipo Facebook (“X ahora es amigo del Barón de Charlus”; un poco después “Y ha sido etiquetado en una foto del ‘cogollito’”) o en Pinterest: un despliegue de fotos de catedrales, calles, el río, primeros planos de manjares franceses a todo color y con todo detalle, planos medios de hombres más o menos apuestos… Y conceptualmente lo que más se ajustaría a Marcel Proust y su enfoque vital y literario sería, por supuesto, cualquier aplicación de realidad aumentada (o detenida, también; un time lapse peculiar, como esos de flores que se abren lentamente en primer plano).

En fin, resulta curioso imaginar este tipo de cosas.

La peluca de Molière

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Para empezar el lunes con humor reproduzco algunas anécdotas curiosas relacionadas con autores muy conocidos. La mayoría las he tomado del interesante artículo de Carlos Espinosa Domínguez “Segundo catauro de curiosidades” en la revista digital Cubaencuentro.

Los rituales de escritura de los autores suelen resultar curiosos. En su libro “Oficio editor” Mario Muchnick cuenta que Elías Canetti escribía a lápiz. Las hojas escritas la iba almacenando en el cajón de la derecha y las hojas en blanco permanecían en el de la izquierda. Sobre la mesa sólo solía tener una serie de lápices bien afilados, ordenados por tamaños. Una vez terminado el manuscrito lo revisaba y lo pasaba a estilográfica. Y esa era la versión con la que trabajaban sus editores. Lo habitual era repartir ese manuscrito entre varias secretarias para que lo fueran transcribiendo lo más rápido posible.
A quienes hemos vivido siempre cerca de las máquinas de escribir o de los ordenadores el manejo de textos acabados en versión manuscrita nos puede resultar extraño, pero evidentemente, las máquinas de escribir, las impresoras y fotocopiadoras no han existido siempre y siglos atrás era muy común contar con una única versión de los manuscritos.

Los textos manuscritos eran muy habituales hasta que se generalizaron las máquinas de escribir

Eso, irremediablemente, producía problemas y situaciones extrañas. Así, por ejemplo, la criada de Molière “usó varias páginas de la traducción de Lucrecio que él había hecho para rellenar la peluca del dramaturgo”, según cuenta Carlos Espinosa Domínguez en el citado artículo. Otra doncella puso en un aprieto a Thomas Carlyle, que “tuvo que reescribir por completo el primer tomo de su Historia de la Revolución Francesa. Se lo había prestado a John Stuart Mill y la criada de este lo quemó, pensando que se trataba de papel para tirar. El incidente ocurrió cuando Carlyle no solo había olvidado la estructura de la obra, sino también el espíritu con la que la había redactado”.
El británico “Sir Richard Burton había traducido el Kama Sutra y después hizo lo mismo con Las Mil y una Noches. Tras su muerte, su esposa halló el manuscrito de esta última obra, pensó que era un texto obsceno y lo quemó”.
Ni el propio Joyce se libró de complicaciones relacionadas con su caligrafía y con lo combustible del papel. “El original del episodio de Circe del Ulises de James Joyce era tan ilegible, que fue necesario contratar a tres mecanógrafas para que lo pasaran en limpio. El esposo de una de ellas tomó las páginas, las confundió con anotaciones sin importancia y las echó al fuego. Por suerte, un coleccionista de Nueva York tenía un duplicado de esa sección y aceptó proporcionar una copia fotográfica a Sylvia Beach, propietaria de la librería Shakespeare and Company y primera editora del Ulises”.

El perro, el mejor amigo del escritor
El sabueso del escritor norteamericano John Steinbeck, que se llamaba Toby, “convirtió en confeti el original de su novela De ratones y hombres. Era la única copia que poseía, por lo que, según su confesión, al principio se enojó mucho. Pero luego pensó que el pobre chucho podía haber actuado críticamente. No tenía deseos de arruinar a un buen perro por un manuscrito del cual no estaba del todo satisfecho. Reescribió, pues, la novela y entonces se sintió más convencido de que Toby era un buen crítico. ‘No estoy seguro de que Toby no sabía lo que estaba haciendo cuando se comió aquella primera versión’, comentó Steinbeck en una carta”.
En la época de los pendrive con mucha memoria y el almacenamiento en la nube estas cosas nos suenan extrañas, pero no dejan de tener su gracia.

Cartas: historias de ida y vuelta

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Muy interesante la noticia que hemos visto en Clarin.com: “La carta que inspiró una novela de Goethe vuelve a Wetzlar, su ciudad natal”.
El remitente de la carta, Karl Wilhelm Jerusalem, explica a su padre los motivos que le abocan al suicidio, muerte que Goethe abordó después en la novela “Las desventuras del joven Werther”, según se recoge en la noticia de Clarín.
El documento, escrito en 1771, ha sido adquirido por el museo local de esa ciudad del centro de Alemania en enero pasado por 5.000 euros (6.600 dólares) en una subasta celebrada en Basilea.
La noticia completa se puede leer aquí.

Las cartas y diarios aportan una perspectiva íntima de sus autores. Esta libreta moleskine muestra un cuadro de Monet del Museo Marmottan de París.

Y ya que hablamos de cartas, no me resisto a recomendar la exposición sobre cinco siglos de cartas de la Biblioteca Nacional española. Se llama ‘Me alegraré que al recibo de esta. Cinco siglos escribiendo cartas‘ y podrá visitarse hasta el 17 de junio. En la muestra, comisariada por Antonio Castillo Gómez, profesor titular de Historia de la Cultura Escrita de la Universidad de Alcalá de Henares, se podrán contemplar cartas de Quevedo, Santa Teresa, Cadalso, Zorrilla, Moratín, Valle Inclán, Alfonso XIII, Pablo Iglesias y María Teresa León, según informa el periódico La voz digital.

Y para cerrar el tema epistolar aprovecho para recomendar “Las amistades peligrosas” de Choderlos de Laclos, una novela llena de intrigas y manipulación psicológica construída a base de cartas y con una estupenda prosa.

Los libros más vendidos de la historia

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¿Qué requisitos debe tener un título para gustar a las masas? ¿Cuál es el secreto para vender más libros?
Las anteriores son preguntas recurrentes entre autores, editores y distribuidores de libros. La siguiente relación de los diez libros más vendidos de la historia puede proporcionarnos algunas claves.

1. “La Biblia” (entre 2.500 y 6.000 millones de copias vendidas).
2. “El libro rojo: Citas del presidente Mao Zedong” (entre 800 y 6.500 millones de copias vendidas).
3. “Xinhua Zidian”- Diccionario de caracteres chinos (400 millones de copias vendidas).
4. Poemas del presidente Mao (400 millones de copias vendidas).
5. Artículos del presidente Mao (252 millones de copias vendidas).
6. El Corán (200 millones de copias vendidas).
7. “Historia de dos ciudades” de Charles Dickens (200 millones de copias vendidas).
8. “El Señor de los Anillos” de J.R.R. Tolkien (150 millones de copias vendidas).
9. “Escultismo para muchachos” de Baden-Powell (150 millones de copias vendidas). (No, no es una errata, por Ocultismo; es una traducción latinoamericana de “Scoutism for Boys”, escrito por el General Robert Baden-Powell).
10. “El libro de Mormón” (130 millones de copias vendidas).

Como se ve, muchos de los títulos deben su éxito a que forman parte de culturas dominantes o con una gran demografía, otros a que su contenido está imbricado en las raíces culturales de un amplio colectivo. Y resulta evidente el peso de la prescripción en muchos de ellos (los textos de Mao, el de los scout, el de los mormones). Hay un título que obedece claramente a una cuestión pragmática: el diccionario de caracteres chinos.
Encuentro muy curiosa la presencia de narrativa en medio de esta lista en la que domina la no ficción, aunque los elegidos no me sorprenden. En el número 7 “Historia de dos ciudades” de Charles Dickens y justo detrás “El Señor de los Anillos” de J.R.R. Tolkien. Es evidente que Dickens y Tolkien supieron conectar con las masas a través de su literatura (el inconsciente colectivo de Jung seguro que tendría algo que decir sobre esto), además de ser miembros de la comunidad angloparlante, característica que les da una posición de ventaja respecto a autores de lenguas con menor importancia.

La información la hemos extraído del interesante blog Papel en blanco, concretamente de este artículo En él contextualizan cada libro. Muy recomendable. El blog Papel en blanco a su vez se basó en lo publicado por Sololistas, con fotos de las cubiertas de los diez libros.

¿Ves algún otro patrón en esta lista de libros más vendidos? Nos encantará conocer tu punto de vista…

Otro caso para el detective de Poe

Escrito por Elena el 25 enero, 2012
Actualidad, Grandes narradores, Lengua y literatura, Novedades 2011

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A C. Auguste Dupin, el detective de Edgar Allan Poe de “La carta robada” y “Los crímenes de la calle Morgue”, se le acumula el trabajo incluso estando su padre literario en el más allá (desde 1849, concretamente).

Foto realizada a un retrato de Poe

En esta ocasión el misterio que hay que resolver es el siguiente. Según cuenta el diario La información, todos los 19 de enero, cumpleaños de Edgar Allan Poe, la tumba del escritor en Baltimore aparecía con tres rosas y una botella de coñac a medias. La costumbre empezó cinco décadas atrás pero se ha interrumpido en 2010. Así que urge averiguar quién era el misterioso visitante; sabemos que era un admirador, pero ¿hombre, mujer, de qué edad? Además, ¿qué le ha impedido (o disuadido de) seguir llevando las flores y el licor estos últimos años? ¿Qué opinaría C. Auguste Dupin? ¿cómo organizaría sus pesquisas?

Todo muy misterioso…

Más información sobre Edgar Allan Poe y su obra.

Tiempo de leyenda

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Érase una vez, en unos reinos más o menos lejanos y hace más o menos tiempo, pero siempre un 7 de diciembre como hoy, unos hechos asombrosos ocurridos a personajes casi de leyenda:

  • 1911: Un edicto imperial autorizó a los chinos a cortarse la coleta (en España algunos les sorprendió saber que los chinos fueran tan “toreros”, eso sí, jubilados).
  • 1919: Se publican datos que contabilizan a las víctimas mortales de la gripe en España en 250.000 personas. A nivel mundial la llamada Gripe española provocó 40 millones de muertos, 15 de ellos en la India. Esta infección gripal mató el doble de personas que la Gran Guerra. Pese al nombre, al parecer, la “gripe española” empezó en Kansas y resultó muy virulenta por una mutación genética y el efector difusor de la Primera Guerra Mundial. Información complementaria aquí
  • 1954: Simone de Beauvoir gana el Premio Goncourt por “Los mandarines”.
  • 1984: Camilo José Cela recibió el Premio Nacional de Literatura por su novela “Mazurca para dos muertos”.
  • 2010: Se descubre en Argentina un yacimiento de gas que duplica las reservas del país.