-¿Dónde está el cuarto de baño? Pero antes de nada, por favor, dígame, del uno al diez, qué nivel de suciedad tiene. Porque en función de eso voy o me aguanto…
Esta conversación no es real, pero se parece mucho a lo que nos atraviesa la mente a muchos de nosotros en los viajes en época estival. Diréis que me ha dado la vena escatológica, pero es que el verano se presta a cierta reflexión sobre los lavabos, retretes, baños, toilets, rest rooms, y demás. No es que el ciudadano medio esté acostumbrado a instalaciones sanitarias de lujo pero nuestra rutina durante el año deja poco espacio para nuevas experiencias en este campo, ya que solemos tener unos hábitos establecidos y visitar únicamente lugares conocidos. Es en los viajes donde suele haber mayores sorpresas en este ámbito; de hecho seguro que estás recordando un par de casos especialmente llamativos…
Pero ¿de dónde viene la palabra “lavabo”? Según el Diccionario del origen de las palabras de Buitrago y J. Agustín Torijano este término procede de un verbo latino y no de un nombre como uno esperaría. Además, indican: “Es la tercera persona del singular del futuro simple de lavare, lavar; es decir, lavabo significa literalmente lavaré. El significado actual ha venido a través de la liturgia católica. Cuando la misa se decía en latín, antes del Concilio Vaticano II (1965), el sacerdote tras el ofertorio se mojaba los dedos con un poco de agua con el fin de purificar sus manos, mientras recitaba una parte del salmo XXV que dice: “lavabo inter innocentes manus meas” (lavaré mis manos entre los inocentes). Posteriormente se secaba con una toallita que en algunos lugares pasó a denominarse popularme ‘el lavabo’”. Tiempo después, sigue indicando el Diccionario, modificadas las costumbres higiénicas, “se empezó a llamar lavabo a la habitación donde la gente se lavaba y se aseaba, el actual “cuarto de baño”, de ahí que hoy todavía digamos “ir al lavabo” para tal habitación. En la actualidad el lavabo suele ser, casi exclusivamente, el aparato sanitario en el que nos lavamos” (aunque algunas personas siguen utilizando este término en lugar de baño para referirse al cuarto de baño en general). “El fenómeno” -prosigue el Diccionario- “es paralelo al que se registra en francés, donde toilette, la palabra que designa al cuarto de baño, era, en sus orígenes, el paño de la mesa en que se colocaban los objetos de aseo, más tarde fue la propia mesa, y finalmente, el cuarto”.
(Diccionario del origen de las palabras. A. Buitrago y J. Agustín Torijano; Espasa, Madrid 2008 pp. 136-137).


