El mundo de la hostelería ha dado bastante juego en la pequeña pantalla a lo largo de los años y a lo ancho del globo terráqueo. A finales de los 70 y años 80 se hizo famosa la serie “Vacaciones en el mar” (Love boat) con sus paradas en el mexicano Puerto Vallarta, sus tramas ligeras y sus cenas con mariachis. Más tarde, en San Francisco, en los años 80 aquel característico Hotel de Aaron Spelling (el famoso Saint Gregory) con ese James Brolin barbudo y esa Connie Selleca tan alta y eficiente (ahora que lo pienso, en aquella serie tanto los edificios como los personajes principales eran “torres”).
En la década siguiente y ya en tierras españolas aquel Hostal Royal Manzanares de Lina Morgan en los años 90, con su punto de sainete y su elenco interminable de secundarios. Un caso aparte fue la serie cómica británica de los años 70 llamada Fawlty Towers (escrita por John Cleese, de los Monty Phyton y su entonces mujer Connie Booth, e interpretada por el propio Cleese), sobre un establecimiento muy peculiar. A título de curiosidad cabe comentar que a Cleese se le ocurrió la idea de lo que luego sería la serie cuando descansando de la grabación de la serie Monty Python Flying Circus a principios de la década de 1970 en un hotel de Torquay (“La Riviera inglesa”), descubrieron cómo se las gastaba el dueño del hotel, Donald Sinclair. Sinclair tiró el maletín de uno de los del equipo “por si tuviera una bomba”, a otro huésped le tiró a la cara el horario de autobuses al preguntarle cuándo pasaría el próximo bus y se quejó de los modales en la mesa del norteamericano Terry Gilliam. (El Instituto Británico de Cine (BFI) eligió Fawlty Towers es el mejor programa de televisión en el año 2000).
Lo que resulta evidente es que guionistas y productores han sabido apreciar las posibilidades narrativas de un entorno controlado pero abierto del que entran y salen todo tipo de personajes con diversas expectativas y características, el plus de glamur de algunos de estos establecimientos (o de su falta, en el caso del enfoque “cañí” de Royal Manzanares) y las posibilidades para los negocios y el romance de estos lugares.
En clave más realista y personal, cuando uno reserva unas vacaciones espera que todo salga bien y encontrar un hotel, o una casa rural bien equipados, bien gestionados y con personal eficaz y atento. Conseguir este resultado final requiere una gestión muy compleja de hasta 13 aspectos distintos. El libro Dirección de alojamientos turísticos, que publicaremos próximamente analiza estos puntos, que son los siguientes: la empresa, las empresas de alojamiento, planificación, organización empresarial, planificación de los métodos de trabajo, el presupuesto, resultados y control presupuestario, patrimonio. análisis económico financiero, inversión, financiación, gestión de la calidad, gestión ambiental y finalmente, dirección de establecimientos de turismo rural.
En este caso, como en otros tantos, parece que la realidad supera a la ficción. Quién iba a pensar que el trabajo de los responsables del barco de “Vacaciones en el mar” o el de la patrona de Lina Morgan o el del barbudo James Brolin del Saint Gregory pudiera ser algo tan complejo y agotador. Lo que sí resulta evidente es por qué al inimitable dueño del hotel Basil Fawlty, encarnado por John Cleese, le quedaba tan grande la gestión de su pequeño hotel.