Ahí estaba aquel gato, tan tranquilo, descansando en una postura muy cómoda al otro lado del cristal. La escena que contemplaban mis ojos en medio de la calle aquella mañana era plácida pero tuve la sensación de que algo no cuadraba.
Una observación atenta me desveló qué era lo que no encajaba. ¿Qué hacía aquel gato marrón entre libros, brújulas y mapas en el escaparate de una librería madrileña? ¡¿Acaso vivía allí?!
Todos los indicios hacían pensar en ello. De hecho, en la puerta del establecimiento había un cartel manuscrito que rogaba “No dejar salir al gato”.
En fin, una librería muy animada y singular esta. Hablaremos de otras librerías singulares con las que nos topemos, en próximos post. Por cierto, si conoces alguna biblioteca o librería curiosa o bonita nos gustaría que nos mandases una foto y un pequeño comentario. Si la propuesta encaja con el enfoque del blog, la publicaremos con tu nombre.

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