Pakistán con otra mirada (entrevista completa a Ana Ballesteros)

Pakistán no deja de llenar portadas, últimamente  con el caso de niños con chalecos con explosivos. Pero más allá de este tipo de noticias, o de la captura de terroristas en su territorio, Pakistán sigue siendo un país desconocido para la mayoría de los occidentales. En los siguientes post, y con ayuda de Ana Ballesteros, investigadora especializada en el sur de Asia y el sectarismo islámico, y autora del libro “Pakistán“, trataremos de proporcionar una serie de claves para comprender la verdadera esencia del presente y el pasado de esta nación más allá de los tópicos.

La República islámica de Pakistán es el sexto país más poblado del planeta, con unos de 172 millones de habitantes, la mayoría musulmanes. La capital está situada en Islamabad, aunque su ciudad más importante es Karachi y el centro más destacado a nivel cultural es Lahore. Hoy en día este país se considera la segunda economía más grande en el sur de Asia, aunque su tasa de pobreza se estima que está entre el 23% y el 28%.

¿Sabes de dónde viene el nombre de Pakistán? Choudhary Rahmat Ali, fundador del Movimiento Nacional Pakistaní, empleó por primera vez la palabra Pakistán en un folleto redactado en inglés y publicado el 28 de enero de 1933, tomando como base Panyab, Afgania, Kashmir (Cachemira) y Sindh, y el sufijo persa stān (‘tierra de’). De este modo  formó PAKstān. El sonido de “i” fue introducido para facilitar la pronunciación (según recoge la Wikipedia).

A continuación se reproduce la primera parte de la entrevista con Ana Ballesteros.

1. ¿Cuáles son las instituciones más poderosas de Pakistán? ¿El ejército, la jerarquía religiosa musulmana, una cierta oligarquía…?

La institución más poderosa es el estamento militar, y dentro de éste, el ejército pakistaní. Dado que además los servicios de inteligencia, conocidos por sus siglas ISI (Inter-Services Intelligence) están bajo control militar, su poder es superior a la de cualquier otra institución. Dado que ha habido más años de dictaduras militares que de democracia, las instituciones del país han sido modificadas para proteger a los militares, que han sido tradicionalmente respaldados por el poder judicial, y la burocracia civil, que tiene también un largo recorrido administrando el país, en lo que tienen más experiencia que los políticos.

El poder que pueda tener la jerarquía religiosa es más patente a nivel de calle y control social. No son votados (en realidad, el máximo en condiciones normales es del 7%, y en las elecciones de 2002, altamente manipuladas, 12%) por la mayoría de la población, pero dado que la sociedad pakistaní es muy tradicional, esta jerarquía suele usar la religión para movilizar a la población y controlarla. Además, el uso del discurso de la violencia que hace la derecha islamista en el país es bastante temido y pone en la diana a aquellos que denuncian su uso instrumentalizado de la religión.

Existe también una elite industrial y feudal que controla la economía del país y a su clase política, y constituyen un lobby en tiempos de gobiernos civiles. Sobre todo, en lo que se refiere a monopolizar los recursos del país.

2. ¿Qué responsabilidad tienen estas instituciones en lo que ocurre en el país, para bien o para mal?

El ejército es en gran parte responsable de muchos de los males que sufre la sociedad pakistaní, pero hay que fijarse sobre todo en un sector de la elite militar, ya que los soldados rasos no están bien pagados. La elite militar se ha convertido en una clase en sí, y ha sabido otorgarse una riqueza y prosperidad que no ha repartido entre el resto de la población. Los militares han sabido explotar la amenaza de seguridad (sea la amenaza percibida de la India, sea Afganistán) para perpetuarse en el poder, y hacerse indispensables. Han sabido construirse una imagen de eficiencia que no es real, ya que ellos han embarcado al país en tres guerras contra la India, que han provocado y perdido; han manipulado y cambiado la historia y los libros de texto, para aparecer como los verdaderos patriotas, cuando no es más que una institución que vela en exclusiva por sus propios intereses, y no los del país en general; cuando han gobernado, no lo han hecho mejor que los políticos, y han debilitado la Constitución y las instituciones electas.

Además, el ISI ha demostrado una estrategia suicida en sus alianzas y su voluntad de controlar lo que ocurre en los países vecinos. Conscientes de su incapacidad de vencer ante la India en una guerra convencional y de que sus aliados no apoyan a Pakistán en sus escaramuzas bélicas, han desarrollado una insurgencia a medida para llevar a cabo una guerra encubierta contra sus vecinos. El daño de estos escarceos con los talibán, con Al-Qaeda o los mismos grupos insurgentes que crearon para realizar incursiones en Cachemira, los está sufriendo la población civil, que es víctima de sus atentados y represalias.

Tampoco hay que olvidar que la política exterior de EEUU hacia esta región ha contribuido a fortalecer por encima de cualquier otra institución del país al ejército y el ISI, además de darles la sensación de impunidad de sus actos. La falta de perspectiva y esa misma política hecha a base de parches temporales, a la larga, han empeorado el problema y creado un monstruo mayor del que querían combatir allá, durante la invasión soviética de Afganistán (1979-88).

Pero la responsabilidad es compartida. La elite política es oportunista. No toda ella, pero está compuesta en gran parte de miembros de la elite feudal e industrial, más preocupados por acumular riqueza y poder que por proveer.

3. Actualmente gobierna Asif Ali Zardari, el viudo de Benazir Bhutto,  ¿es realmente un corrupto como se ha comentado a menudo?

Que Asif Alí Zardari es corrupto es un hecho, y ya cumplió dos condenas de cárcel en su momento. No ha demostrado su inocencia, ni ha sabido justificar la enorme acumulación de bienes y capital a lo largo (o como se mire, corto) de los gobiernos de su mujer, por muy adineradas que fueran sus familias. Lo que es una perversión del sistema “democrático”, es que una persona en virtud de su viudedad, gobierne. Zardari ha relegado a un segundo plano otros políticos competentes de su partido que podrían hacerlo con mayor legitimidad. En Pakistán, el autoritarismo no es exclusivo de los militares, y Zardari lo demuestra tomando decisiones unilaterales que no consulta con los miembros del Partido del Pueblo de Pakistán (PPP) y contradice a veces lo que éstos han decidido. Asimismo, el hecho de que Benazir designara a su propio hijo como sucesor, demuestra la falta de valores democráticos de los partidos y la elite política pakistaní.

Igualmente, Zardari ha visto cómo gracias a una amnistía promulgada por Musharraf, se le retiraban cargos aún pendientes con la justicia. Un candidato a un puesto público en Pakistán, en principio, no puede serlo si tiene cargos pendientes con la justicia, algo que se obvió cuando fue elegido a la presidencia del país.

4. En occidente se conoce a pocos personajes pakistaníes, más allá de Benazir Bhutto, ¿qué otras figuras te parecen interesantes y por qué?

Es una perogrullada decir que Pakistán está plagado de personas interesantes que por desgracia, y por el simplismo del interés mediático hacia esta región, pasan desapercibidos. Benazir fue fundamentalmente mediática, y respondía a un tópico de la mujer oriental que se tiene en Occidente. Eso de que una mujer bella gobernara un país de mayoría musulmana resultaba muy atractivo. Además, ella aportaba el glamour y belleza que requiere el papel cuché. Occidente, muy suyo a la hora de interpretar estas cosas, la ensalzaba por ser mujer y gobernar, creyendo que demostraba una ruptura en el papel de la mujer en su sociedad. Si bien resultó un avance, lo que realmente demostraba era el extraordinario poder de la elite feudal del país a la que pertenecía y el carácter dinástico de la política pakistaní.

El Pakistán literario

Pakistán bulle en muchos campos de la cultura, especialmente en el literario. Se están dando a conocer muy buenos escritores que, habiendo vivido en Occidente, han retornado a Pakistán para contar, explicar y entender su país, para dar a conocer al mundo otra imagen del mismo. Entre ellos están Mohsin Hamid, Mohammad Hanif, Daniyal Moenuddin (ha escrito unos relatos cortos sobre el mundo feudal excelentes), Bina Shah o Bapsi Sidhwa (estas dos últimas tratan el tema de la emigración). Son sólo algunos, pero no todos.

El cine pakistaní

Hay cineastas que van más allá de lo puramente comercial, y que hacen un cine que puede llegar al resto del mundo, con una buena descripción sobre Pakistán, como “El silencio del agua” (Jamush-e Pani) de Sabiha Sumar, “En el Nombre de Dios” (“Khuda kay liye”) de Shoaib Mansur, o “Ramchand Pakistani”, de Mehreen Jabbar. Una comedia de Bollywood protagonizada por el cantante pakistaní de pop Alí Zafar, llamado “Tu Ben Laden” (Tere Bin Laden) es una historia burlesca de un pakistaní que quiere emigrar a EEUU. Es una buena crítica a la guerra contra el terror y la imagen de los musulmanes del Asia Meridional en EEUU, además de estar de plena actualidad, tras la captura y ejecución de este personaje. En relación a este tema, hay una buena dosis de películas que tratan la posición de los musulmanes de esta región tras el 11-S, como “Mi nombre es Khan” o la ya mencionada “En el Nombre de Dios”.

Un personaje muy especial de la literatura pakistaní es Saadat Hassan Manto, un escritor de pensamiento crítico con el sistema y su sociedad, muy versátil y con una historia de enfant terrible de la literatura pakistaní.

Hay además personas en el mundo del periodismo, la universidad o think tanks, con una calidad académica y profesional al máximo nivel.

5. ¿Puedes contarnos alguna curiosidad sobre Pakistán poco conocida?

Si bien es conocida la música Qawwali (música devocional musulmana típica del folklore sufí), que se hiciera especialmente popular gracias a la figura de Nusrat Fateh Alí Khan, hay aspectos del sufismo sorprendentes. Los ritos asociados en las tumbas sufíes nos harían ver un islam completamente diferente del que podamos tener en mente, nada dogmático, libre, musical, muy espiritual. En ocasiones, se asemeja a ciertos ritos chamánicos. La música sufí es una demostración del entendimiento sencillo, profundo y devoto del pakistaní medio de su religión.

Pakistán es un país de una grandísima belleza. La artesanía es de gran calidad (se puede ver una muestra en el museo de Lok Virsa de Islamabad), la cocina es muy especial y variada, más allá de aquello que se ofrece en los restaurantes pakistaníes en España. Es un país con un gran potencial, que, ¡ojalá!, se desarrollará cuando dentro y fuera del país, unas elites y otras lo permitan.

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Para cerrar el artículo, a título de curiosidad, se recogen brevemente dos aspectos, sobre cine y deporte.

Pakistán tiene dos zonas productoras de cine, Lollywood, con sede en Lahore,  que llegó a producir más de 100 películas al año (y ahora saca más de 40) y la industria de cine pastún en Peshawar que produce media centena de títulos cada año, según la Wikipedia.

El hockey es el deporte que más éxitos ha deparado a Pakistán en los Juegos Olímpicos, con tres medallas de oro en (1960, 1968 y 1984). Los pakistaníes también han ganado la Copa del Mundo de Hockey cuatro veces (1971, 1978, 1982, 1994) y son muy buenos en el críquet: en 2009 fueron campeones de ICC World Twenty20 celebrado en Inglaterra.

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